De todo esto yo soy el único que parte.
De este banco me voy, de mis calzones,
de mi gran situación, de mis acciones,
de mi número hendido parte a parte,
de todo esto yo soy el único que parte.
De los Campos Elíseos o al dar vuelta
la extraña callejuela de la Luna,
mi defunción se va, parte mi cuna,
y, rodeada de gente, sola, suelta,
mi semejanza humana dase vuelta
y despacha sus sombras una a una.
Y me alejo de todo, porque todo
se queda para hacer la coartada:
mi zapato, su ojal, también su lodo
y hasta el doblez del codo
de mi propia camisa abotonada.
Yo te saludo París,
cuando una rebelión de gárgolas
ebrias levanta el vuelo,
llevándose la catedral a los barrios pérfidos,
donde los jorobados por la vida,
ven cumplirse sus sueños jodidos de locura.
Y una tormenta venérea,
ahuyenta las baladas de los inválidos
que encendieron sus barcazas
en la Isle de la Cité,
para morirse putrefactos o buenos.
Ahí va, toma la ballesta, apunta,
el ángel de los pelos rubios
vuela con los dos corazones galos
y el mismo hábito de ausencia, macabro,
y otra vez errás el disparo,
que mata al gorrión parisino,
que escupe miserias en el pont d?alma.
Y otros también disparan,
con poderosos flashes amarillos
al ángel, a las gárgolas, a los títeres de los claustros,
a los miserables que ahora, roban el pan.
Y mientras corro por las calles
mirando como vuela Notredam,
con sus alas de oro, dorado,
una mujer me patea un penal con una estrella,
en el arco donde se escondió tantas veces el sol
y que le da el tanto del triunfo
entre mis piernas agotadas por el espanto.
Yo te saludo París,
porque tu belleza tiene hedores del infierno,
porque tanta sangre ha corrido por el Sena,
porque eres el alma enamorada de un pintor enano,
porque cobijas a Chopin y hueles a cebolla,
porque de allí vinieron mis ancestros
sin saber que además traían el tango.
Y porque mi corazón sagrado,
volverá un día en una cigüeña negra,
a devolverte aquél pan que me traje,
y así me condenes para siempre a tu milagro .
Todo lo que hay que ver en Paris es fruto del legado que han ido dejando sus pobladores a lo largo de su historia. El lugar que hoy en día ocupa París ha sido habitado desde alrededor del año 4000 Antes de Cristo y diversos hallazgos arqueológicos así lo confirman, ya que se sabe que hubo un asentamiento primitivo en Bercy, en la margen derecha del Sena. Allí se encontaron objetos como canoas y otros utensilios.
El asentamiento que comenzó a habitar la actual París, data de alrededor del año 250 Antes de Cristo cuando una tribu celta, los Parisios, y que dan nombre a la ciudad, fundaron un poblado pesacador junto al Río Sena en la Ile de la Cité.
Fue en el año 52 AC cuanod los romanos fundaron una ciudad donde los Parisios vivían saltando a la margen derecha e izquierda del río Sena y la llamaron Lutecia. Ese es el origen de París, aunque toma el nombre de los Parisios que comenzaron a vivir allí.